18 febrero 2026

Del miedo al CLIC

Cómo educar con Inteligencia Artificial sin perder el norte.



Imagínate por un momento que entras en una papelería en los años ochenta y pides una calculadora. El dependiente te mira con recelo y te dice: "Cuidado, que esto va a hacer que los niños se olviden de sumar". Aquel miedo, que hoy nos parece casi tierno, es el mismo que recorre hoy los pasillos de los colegios y los chats de WhatsApp de los padres cuando alguien menciona la Inteligencia Artificial (IA).


¿Estamos ante el fin del esfuerzo intelectual o ante la mayor oportunidad pedagógica de nuestra historia?




Llevo tiempo recorriendo aulas, desde las que huelen a calculadoras hasta las que vibran con el zumbido de los servidores de FP, y si algo he aprendido es que prohibir la tecnología es como intentar ponerle puertas al campo: solo consigues que los niños salten la valla cuando no miras. El reto no es controlar el software, sino cultivar el criterio. La IA no ha venido a sustituirnos, pero sí a obligarnos a ser mejores humanos. No se trata de "usar máquinas", sino de entender cómo estas máquinas transforman nuestra forma de aprender, de dudar y de crear.





Infantil: El despertar de la curiosidad (3 a 6 años)

En esta etapa, la prioridad absoluta sigue siendo el desarrollo psicomotriz, la socialización y el juego simbólico. Sin embargo, los niños ya viven rodeados de algoritmos: ven dibujos recomendados por YouTube o piden canciones a un altavoz inteligente.

Aquí, el papel del docente y la familia es el de "traductor de magia". La IA debe aparecer de forma anecdótica y siempre mediada por el adulto, para que el niño entienda que hay una lógica detrás de la "voz que responde".

Preguntas que nos hacemos en el patio y en casa:

  • ¿No son demasiado pequeños para interactuar con una IA? Rotundamente sí, si los dejamos solos frente a una pantalla. Pero no, si la usamos como una herramienta creativa guiada. A esta edad, el riesgo no es la IA, es el aislamiento.

  • ¿Cómo les explico qué es eso que parece que "piensa"? Diciéndoles la verdad: es una máquina muy rápida que ha leído muchísimos libros, pero que no siente, no tiene amigos y no sabe si un chiste es gracioso a menos que nosotros se lo digamos.






Tareas prácticas para los más pequeños:
  1. Cuentos o historias para aprender valores o cuentos con imágenes donde el profe empieza una historia y le pide a una IA de generación de imágenes que dibuje el siguiente personaje que los niños imaginen (ej. "un elefante verde con botas de agua"). Esto les ayuda a entender que la tecnología puede materializar sus ideas.

  2. El robot que se equivoca: Mostrarles cómo una IA puede fallar (por ejemplo, pidiéndole que dibuje "un perro con cinco patas"). Esto fomenta el pensamiento crítico temprano: la máquina no siempre tiene razón.

  3. Clasificadores inteligentes: Usar herramientas sencillas donde los niños "enseñen" a un modelo a distinguir entre frutas y verduras.

Competencia clave: Alfabetización básica en datos y comprensión de que la tecnología es una herramienta creada por humanos.


Primaria: De consumidores a creadores (6 a 12 años)

Es la etapa de la explosión de la lectoescritura. Aquí es donde surge el primer gran miedo: "Si la IA escribe por ellos, ¿aprenderán a redactar?". La respuesta es que aprenderán a redactar con apoyo, siempre que mantengamos el equilibrio. En Primaria, la integración debe ser transversal y muy lúdica.

Preguntas de docentes y monitores de extraescolares:

  • ¿Debo dejar que usen ChatGPT para hacer los deberes de Naturales? Solo si el deber no consiste en "copiar", sino en "analizar". Si la tarea es buscar cinco datos sobre los mamíferos, la IA se lo da hecho. Si la tarea es "pregunta a la IA tres curiosidades sobre los delfines y comprueba en este libro si son verdad", entonces estamos enseñando a investigar.

  • ¿Cómo evito que se vuelvan dependientes? Estableciendo tiempos de "tecnología apagada". El pensamiento lógico debe desarrollarse primero en el papel y con la manipulación física.





Ejemplos para el aula de Primaria:

  1. Entrevista a un personaje histórico: Configurar un chat (bajo supervisión) que actúe como Cristóbal Colón o Marie Curie. Los alumnos deben preparar las preguntas. El aprendizaje real ocurre cuando el alumno dice: "Profe, eso que ha dicho la máquina no viene en el libro".

  2. El tutor de ortografía: Usar la IA no para que corrija el texto, sino para que explique por qué una palabra lleva tilde, fomentando la metacognición.

  3. Diseño de avatares para lengua: Crear descripciones detalladas de personajes de un cuento para que la IA los genere. Si el dibujo no sale como imaginaban, deben mejorar su redacción y adjetivación.

  4. Diseño de actividades interactivas, basadas en la búsqueda de información, relacionar contenidos y crear los suyos. Los profesores pueden crear las actividades con IA, con los contenidos a trabajar desde el aula de primaria.

Competencia clave: Resolución de problemas y ética básica en el uso de la información.


Secundaria: El laboratorio del pensamiento crítico (12 a 16 años)

Llegamos a la "zona de conflicto". En la ESO, la IA se convierte en la tentación del camino corto. Aquí es donde el control debe transformarse definitivamente en regulación y honestidad. Los adolescentes necesitan saber que usar la IA para "engañar" al profesor es, en realidad, engañarse a su propio futuro.




Inquietudes de las familias y profesores:

  • ¿Cómo sé si este trabajo lo ha hecho el alumno o una máquina? Siendo sinceros: a veces no lo sabrás con certeza. Por eso, la evaluación tiene que cambiar. Menos trabajos para casa y más defensas orales, debates en clase y procesos de creación documentados.

  • ¿Es peligroso que usen la IA como confidente emocional? Mucho. Hay que explicarles que los modelos de lenguaje simulan empatía pero no tienen conciencia. El apoyo emocional debe buscarse en humanos.


Estrategias prácticas en Secundaria:

  1. Debate de sesgos: Pedir a la IA que escriba un artículo sobre un tema polémico y que los alumnos identifiquen prejuicios o falta de fuentes neutrales.

  2. Programación asistida: En tecnología, usar IA para depurar código (debugging). No que haga el código, sino que ayude a encontrar el error que el alumno no ve.

  3. Análisis de "fakes": Crear noticias falsas con IA y aprender a desmentirlas usando herramientas de verificación.

  4. Apoyo al profesorado en la creación de contenidos bajo el Diseño Universal de Aprendizaje (DUA) que se basa en planificar recursos flexibles desde el inicio, así se puede atender la diversidad del alumnado, ¡eliminando barreras!. 

Competencia clave: Pensamiento crítico, verificación de fuentes y responsabilidad digital.



Bachillerato y FP: Hacia la profesionalización (16 a 18+ años)

Aquí la IA ya no es una opción, es un requisito laboral. En Bachillerato, la IA debe ser un tutor de alto rendimiento; en FP, una herramienta técnica de producción.

Dudas de los tutores y monitores:




Aplicaciones reales en niveles superiores:

  1. Simuladores de rol para FP: Usar IA para simular clientes difíciles en ciclos de comercio o pacientes en ciclos de sanidad, practicando la respuesta profesional.

  2. Optimización de flujos de trabajo: En ciclos de informática o administración, enseñar a crear "prompts" (instrucciones) complejos para automatizar tareas rutinarias.

  3. Apoyo al ensayo académico: Usar la IA como "compañero de lluvia de ideas" para estructurar un comentario de texto o un proyecto de investigación, siempre citando el uso de la herramienta.

Competencia clave: Dominio técnico de herramientas de IA y ética profesional.



17 febrero 2026

¿Por qué el contenido sensorial retiene más atención?

Hay algo que me sigue llamando la atención cada vez que abro una red social. Deslizo casi sin darme cuenta. Titulares, imágenes, vídeos… uno detrás de otro. El dedo va solo. La atención dura lo que tarda en aparecer el siguiente estímulo. Segundos. A veces ni eso. Y, sin embargo, de pronto algo me detiene. No siempre es el mensaje más brillante ni el más polémico. Es otra cosa. Se siente distinto. Hay una textura, una luz, un detalle que provoca una pequeña reacción física, casi imperceptible. Y en ese microsegundo, todo cambia.



El cerebro, por mucho que vivamos rodeados de algoritmos, sigue funcionando como siempre. No ha firmado ningún pacto con la velocidad digital. Prioriza lo que activa los sentidos. Texturas, brillos, profundidad, contraste. 

Cuando una imagen sugiere frío o suavidad, cuando casi puedes imaginar el peso de un objeto o el tacto de una superficie metálica, se activan más conexiones de las que creemos. No es romanticismo creativo. Es biología. Recordamos mejor lo que parece real, lo que casi podríamos tocar. Una fotografía plana informa. Una fotografía con reflejos sutiles y sombras bien pensadas retiene. Y esos segundos extra valen mucho más de lo que parecen.




La saturación visual es brutal. Cientos de impactos al día. Miles. El contenido neutro, correcto pero plano, se diluye en ese ruido. No molesta, pero tampoco deja huella. El contenido sensorial, en cambio, introduce una pausa. Un degradado bien trabajado crea profundidad. Una superficie fría y metálica transmite precisión. Una composición limpia, con matices contenidos, proyecta control. No es estética por capricho. Es percepción de valor. Y la percepción, en marketing, es el primer paso hacia la decisión.




Hay algo más que solemos pasar por alto. Lo sensorial construye autoridad sin necesidad de decir “somos premium”. Una marca que cuida la iluminación, las texturas, los pequeños detalles visuales, está enviando un mensaje silencioso: también cuidamos lo que no se ve. Nuestro cerebro hace la asociación casi sin consultarnos. Si el acabado visual es preciso, el producto también lo será. Por eso vemos cada vez más paletas frías, limpias, metálicas. No es una moda pasajera. Es una respuesta lógica a un entorno donde destacar ya no consiste en gritar más alto, sino en sugerir mejor.

En tecnología y marketing digital esto se nota especialmente. Interfaces limpias, microinteracciones suaves, tonos fríos que transmiten estabilidad. Nada está puesto al azar. Cada detalle reduce fricción y aumenta permanencia. No solo estamos viendo una pantalla. La estamos experimentando.



La atención no se gana solo con mensajes potentes. Se gana con sensaciones bien construidas. En un entorno que compite por milisegundos, el contenido que activa los sentidos tiene ventaja. No porque haga más ruido, sino porque tiene más profundidad.



Y en un mundo que corre, lo que tiene profundidad todavía consigue que nos detengamos.



07 febrero 2026

¿Cómo le explicas a un niño como funciona la IA?

Hay una pregunta que aparece cada vez más en las aulas, en casa y, curiosamente, en los recreos:

¿Cómo le explicas a un niño qué es la inteligencia artificial sin que suene a ciencia ficción ni a manual técnico?

La respuesta no está en los algoritmos.
Está en las historias.



LA IA NO ES UN ROBOT QUE PIENSA

Cuando hablamos de inteligencia artificial con adultos, solemos caer en palabras grandes: modelos, datos, redes neuronales.
Todo eso es cierto, pero también es inútil para un niño… y para muchos mayores.

A un niño hay que decirle la verdad, pero en su idioma.

        La IA no piensa.
        No siente.
        No tiene ideas propias.

La IA aprende mirando muchísimos ejemplos, como un aprendiz incansable que nunca se cansa de observar.

Si un niño aprende a contar escuchando números una y otra vez, la IA aprende leyendo, viendo y escuchando millones de ejemplos. No entiende el mundo como nosotros, pero reconoce patrones.
Y con eso ya puede hacer cosas sorprendentes.



CUANDO UN CUENTO EXPLICA MEJOR QUE MIL DEFINICIONES

Aquí es donde la educación y la tecnología se dan la mano de verdad.

Imagina que en clase presentas un cuentocreado con Storybook, una herramienta narrativa apoyada en Gemini. 




        No empiezas hablando de IA.
        Empiezas leyendo una historia.

Y luego dices algo tan sencillo como esto: “Este cuento lo ha creado una inteligencia artificial que ha leído muchos cuentos antes.” 

En ese momento, el niño entiende más de lo que parece.

La IA no ha copiado un cuento, ha aprendido cómo suelen ser los cuentos y con esa experiencia previa, ha creado uno nuevo. Exactamente lo que hace un niño cuando inventa una historia después de haber escuchado muchas antes.


LA DIFERENCIA CLAVE QUE CONVIENE NO ESCONDER

La IA no decide qué historia contar.
No sabe si algo es bonito, justo o emocionante.
No tiene intención.

La intención es humana. El alumno decide qué personajes quiere, qué tono tendrá la historia y qué mensaje quiere transmitir. La IA solo ayuda a construir, ordenar y acelerar.


USAR IA EN EL AULA NO VA DE FUTURO, VA DE PRESENTE

Cuando un niño ve que una herramienta digital puede ayudarle a crear un cuento, no está usando inteligencia artificial. Está aprendiendo a pensar con herramientas.




        Antes fue el lápiz.
        Luego el libro.
        Después el ordenador.
        Ahora la IA.

Cada generación tiene sus prótesis cognitivas. Esta es la nuestra. La inteligencia artificial es como una mochila muy especial. No camina por ti, pero si sabes usarla, te permite llegar más lejos. La tecnología no educa sola. Pero bien usada, amplifica todo lo bueno que ya sucede en el aula.